Blancas sensaciones en desorden
con gusto a sopa de letras
no hay marionetas, sólo un profeta
sin manos cruzadas, sin hadas
un asceta de barrio, estrafalario
sumando miradas que desafían
la ley de la gravedad, con
sinceridad adecuada al momento
no es lamento elegante pero
sólo sueño con un guante
que toque tu muslo impertinente
una especie de pista ascendente
hasta tu cueva, galante refugio
de la tormenta blanca en Salamanca.
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