Hay una lima que lima redondeces
translucidas aristas, vejez no vista
escenario indiscreto que mejora
con limón y una adivinanza:
¿Qué se pierde antes?
la virginidad del cuerpo
la virginidad de la mente
Trozos de tela y carne
arden en dientes sin rebaño
insuficientemente afilados
para morder espejismos
nihilismo inconsciente, es lo de siempre
realidades, lo sabes, huérfanas
de garfio amigable se hunden
bajo el puente de la percepción
sin relajación no hay emoción
a menudo provocada, descarada
adecuado estertor en momentos
en instantes que sólos
se recuerdan con alma encarcelada
con frustrada simpatía, vértigo
disimulada ducha de anhelos
de filias e incómodos recuerdos
de amigos invisibles y comensales
desa-grade-cidos
Caminos similares marcan la cuenca
de tus ojeras, dunas interminables
húmedas sin Almagato en el cajón
puntos de vista, seguidos y aparte
y comas, y rayas solitarias
dromedarias de equilibrio
delirando en la cuerda floja
Cuatro esquinas y no veo nada en el centro
el calor provocando asquerosas creencias
debo ir allí para besar el suelo
anacrónica pieza de ajedrez
niñez armónica provoca inmadurez
Dominó invisible, lograste que jugara
sed crónica de intensa inmediatez
la presentía antes de mover los párpados
inacabable búsqueda, cuando termina... muere.
¡Lárgate de aquí, ladrón de morál!
no me robes la que tengo
no me hagas desear ser distinto
plastilina indeformable, no consigo abrazarla
deslizo mis apoyos, intento imaginarme
disfruto siendo esclavo por un tiempo
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