sábado, junio 10, 2006

Diarios de Baloncesto

Los diarios se van escribiendo poco a poco, regalo a regalo de la vida vivida con sentimiento. Lo que quema es lo que deja huella, pero que no queme demasiado o todo acabará ardiendo.

Te conviertes en explorador de tu propio desierto. Una tierra inhospita con oasis bien colocados, -tremendamente colocados, de hecho- casi siempre por personajes inventados en un cuento para niños y mayores. Lo leo y no me lo creo, lo siento y ya no se va.

Forofos de las estrellas, se empeñan en hablar en el idioma de los estómagos, y no me gusta. Intento la comunicación por pensamiento y pocas veces la consigo. Me quedo al abrigo de lo que pudo ser y no fue. Trato de subir al espacio y empezar a volar a toda velocidad en dirección contraria a la rotación terrestre. Pero el planeta sigue su curso sin hacerme puñetero caso. Siempre suele ser así.

Entonces busco interminables campos de algodón que consigan secar toda mi tristeza. Es dificil. Los recovecos de las montañas tienen dificil acceso. Las cuevas de sal son caprichosas y no abren hasta altas horas de la madrugada. Son como los afters pero sin música electrónica, solo orgánica.

Los encuentro [los campos] cerca del paralelo de Capricornio. Me echo a domir una larga siesta. Cómodo, formo espejismos equilateros con mi compostura bien agarrada. No me sirve para nada, lo se, acercarme a lo nuevo desde lo antiguo. Me ahogaria en el diluvio aún sabiendo cuando vendrá.

Me deleito e hipnotizo en miradas no inventadas todavia. Despierto de mi sueño para comprobar que me encuentro dentro de una catedral. Puede que sea el momento de ponerse a rezar, sacar las plegarias del armario y poner en marcha el botafumeiro. Hasta mañana.

2 comentarios:

JORGE P dijo...

actualiza vago cabròn, y no me cedas el polo multicolor

Anónimo dijo...

me gustas con polo multicolor
Besos desde donde se sueña con el mar . . .